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PERROS SAN BERNARDO Y SUS BARRILETES DE BEBIDA ESPIRITUOSA

Pintura de 1831 del artista inglés Edwin Landseer

Landseer es el responsable de que todos imaginemos a un perro San Bernardo con un barril de brandy al cuello. En 1831 pintó una escena titulada «Mastines alpinos reanimando a un viajero en apuros». La obra representa a dos San Bernardo, uno de los cuales lleva un barril de brandy en miniatura atado al cuello.

Landseer añadió aquel barril exclusivamente como elemento decorativo, pero ya nadie pudo evitar asociar esos barriles con los mastines alpinos (el nombre más usado antes para esta clase de perros: el nombre de San Bernardo también lo popularizó Landseer).

De hecho, inicialmente los perros criados por los monjes en los refugios alpinos no se parecían en nada a las bolas de pelo con aspecto tontorrón que hoy asociamos con la denominación «San Bernardo» (salvo, quizás, en el caso de los fans de Stephen King). Eran en cambio perros un poco más pequeños, más vivaces, con bastante menos pelo y orejas no tan grandes.

Desgraciadamente, diversas avalanchas ocurridas en los inviernos de 1816-1818 y otra serie de eventos acabaron con gran parte de los mejores ejemplares de la manada de perros que el Hospicio del Gran San Bernardo disponía, por lo que de cara a preservarla ante la amenaza de la endogamia se tuvieron que realizar cruces de los perros supervivientes con canes provenientes de Terranova, lo que cambió las características de la raza para dar lugar a la imagen con la que hoy asociamos a los perros de San Bernardo, a la vez que dicho nombre se empezó a generalizar (antes se hablaba de mastines alpinos y otras denominaciones).

Además, los canes empleados en los rescates por los monjes del hospicio realmente nunca recibieron un entrenamiento especial sino que todo se basaba en que los perros más viejos de la manada enseñaran de forma cotidiana una serie de comportamientos y habilidades a los más jóvenes. Por tanto, los hechos a los que me refiero, unidos a la hibridación, significaron una pérdida irreparable de “capital humano” de la cual las cuadrillas de perros del Hospicio nunca se repusieron.

Con todo, es en ese momento de crisis cuando otros pintores de animales, como John Emms (1844-1912), fijaron definitivamente en el subconsciente colectivo la figura de los perros con los barriletes, en este caso ya asociándola visualmente con perros San Bernardo del nuevo tipo híbrido, más peluchable, que se estaba expandiendo por entonces y llega hasta hoy.

Es cierto que antiguamente se pensaba que esta bebida o las bebidas alcohólicas servían para calentar a las víctimas mientras esperaban ser rescatadas, por lo que quienes lo portaban eran las personas que las socorrían, y no los perros. Hoy, además, sabemos que, en situaciones de exposición al frío, uno de los problemas es la hipotermia, en la que el alcohol está totalmente contraindicado, ya que favorece la vasodilatación de arterias y venas periféricas y la consecuente pérdida de calor.

La hipotermia es el descenso de la temperatura corporal por debajo de los 35ºC y desgraciadamente, últimamente, hay alguna persona muerta por este problema de salud.

Fuente: El Hurgador

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