LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL MONTAÑERO/A
«El montañero es el animal más parecido al ser humano». Daniel Boyano Sotillo
Me refiero a esas recomendaciones servidas por el protagonista de nuestra entrada anterior, el escritor austro-italiano Luis Trenker, desde su obra Meine Berge (Mis montañas), publicada en 1931.
En tierras hispanas fueron convenientemente traducidas al catalán para que se reprodujeran en el Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya del mes de agosto de 1934.
Luis Trenker (cuyo nombre original era Alois Franz Trenker, (4 de octubre de 1892 – 12 de abril de 1990) fue un director de cine, actor y arquitecto, alpinista, esquiador austro-italiano.
Trenker comenzó sus estudios de arquitectura en 1912 hasta que los interrumpió la Primera Guerra Mundial. Sirvió fundamentalmente en los Alpes contra el ejército italiano. Escribió varios libros basados en sus experiencias durante la guerra, siendo el más destacado Fort Rocca Alta y Berge in Flammen (en castellano, Montañas en llamas), realizando en 1931 una película a partir del segundo.
Finalizada la guerra, retomó sus estudios, trabajando en Bolzano como arquitecto.
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| Caratula película Montaña en llamas |
Su primer contacto con el cine tuvo lugar en 1921, cuando asistió al director Arnold Fanck en una de sus películas sobre montañismo. Puesto que el actor principal resultó ser incapaz de realizar las escenas necesarios, Trenker asumió el papel principal. Poco a poco, jugó más papeles, de modo que hacia 1928 ya estaba escribiendo, dirigiendo e interpretando sus propias películas. Desde entonces, abandonó su trabajo como arquitecto para concentrarse en sus películas. Se casó con Hilde Bleichert, con la que tuvo cuatro hijos.
Durante la época fascista/nazionalista, Trenker rechazó permitir que su trabajo fuera subvertido de ese modo, Después de la guerra, Trenker fue acusado de oportunismo fascista aunque finalmente los cargos fueron retirados. Murió a la edad de 97 años el 12 de abril de 1990.
Más información en esta página web: https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Trenker
LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL MONTAÑERO/A
“I. No emprenderás ninguna ascensión que esté por encima de tus fuerzas.
Te tienes que proponer retos en proporción a tus fuerzas, pero también tienes
que saber renunciar y dar la vuelta a tiempo si hace falta. Te tienes que
conceder mucho tiempo, y nunca pretender hacerle la competencia al cronómetro
ni establecer records. No devores cumbres, no te pierdas ningún acontecimiento
de las montañas. Es más importante el camino que la cima (es preferible comerse
la tarta, es decir disfrutar del camino, que la guinda, es decir, la
cima.»
”II. Prepararás cada ascensión con los cinco sentidos, cuidadosamente, tanto si
vas solo, como con amigos o con guías. Un ignorante o un desamparado que cuelga
del regazo de una niñera montañera, produce una triste figura. Tu equipaje
moral tiene que ser tan completo como tu equipo de montaña. Tienes que estar
familiarizado con el mundo que te rodea; conocer y comprender sus
manifestaciones. Tu ideal montañero te tiene que permitir celebrar una
pequeña excursión dominguera con la misma alegría con la que, la próxima vez,
atacarás una difícil pared de roca. Tienes que saber estar por allá con la
misma naturalidad que trepando por aquí. No te conviertas en uno de ésos que,
entre tantas paredes de roca, no ven las montañas. Tampoco tienes que olvidar
que las montañas están llenas de peligros, si bien has de saber que, con un
poco de precaución, seriedad y experiencia, los puedes salvar.
”III. En la montaña, no olvidarás tu educación. Aspereza, grosería y dureza no
son sinónimos de fuerza y alegría. No consideres la cuerda y los
crampones como un anuncio de los de tu gremio. No pongas en peligro los
vestidos o los ojos del prójimo con tus trastos: esquís, piolet, crampones y
otros enseres. Tampoco tienes que violentar sus oídos con palabrería o alboroto
excesivamente sonoro. Saluda a los peatones solitarios que encuentres, y
devuélveles el suyo».
”IV. No deshonrarás el lugar que recorras, ni tampoco afearás la naturaleza
con botellas rotas, cáscaras de huevo, trozos de papel, latas de sardinas
y otras suciedades. No olvides que quienes vengan después, también querrán
beber el agua fresca de la fuente que estás a punto de ensuciar sin pensarlo.
No dejes ninguna verja de los prados abierta, porque puedes perjudicar mucho a
una propiedad ajena, y porque así conviertes el montañismo en una actividad
repugnante para la población rural. Por la misma razón, no saltes dentro de
ningún vallado si no te lo piden, ni te introduzcas sin permiso en los cercados
y cobertizos. Puedes cantar, si sabes y resulta oportuno, pero siempre con
mesura. A menudo, los aullidos montañosos se suelen adaptar poco a las
gargantas humanas, y todavía menos a los órganos auditivos de tus semejantes.
Por regla general, en la montaña no llames mucho la atención ni hagas mucho
ruido. No enciendas ningún fuego innecesariamente. No produzcas caídas de
piedras desde las cumbres, ni siquiera por descuido, y evita que al subir o
bajar rueden, ni aun por causas inevitables, o aunque las canales de abajo
conduzcan a lugares supuestamente intransitados, puesto que puedes ocasionar
graves daños. Cerca de los lugares habitados, sigue siempre las costumbres
establecidas.
”V. Ten el compañerismo en gran estima. Si eres el jefe de un grupo, no seas
autoritario ni obstinado, no quieras tener siempre la razón, y no mires a tus
compañeros con superioridad: tienes que ser considerado y paciente, y ceder
ante los otros sin mengua del ascendente que poseas moral y materialmente. La
fuerza del más débil, debe dar la medida de tus decisiones. Abandonar a un ser
humano en la montaña, puede constituir un asesinato. Si eres tú quien es
dirigido, adáptate a quien vaya en cabeza, a quien tenga mayor experiencia, a
quien dé el mejor rendimiento, y procura aprender allá donde puedas. No hay
ningún maestro que haya caído del cielo, pero en la montaña, serían precisos
muchos más de los que hay. Tienes que saber que los buenos segundos son
tan raros como los buenos primeros. Cualquier extraño que comparta contigo el
amor por las montañas, es tu camarada, y mucho más cuando esté en problemas o
necesite cualquier tipo de ayuda, aunque solo sea un trago de tu cantimplora o
un vistazo en tu mapa. También tienes que ver un compañero y un amigo experto
en el guía de montaña profesional».
”VI. Respeta el refugio como si fuera tu propio hogar. Sé humilde y no tengas
exigencias . No introduzcas en el comedor los piolets, los esquís, la
lluvia, la mojadina, el frío, el hielo, la nieve y la suciedad, y si puede ser,
tampoco el sudor. No rebajes la cabaña a la categoría de una tasca, puesto que
es un lugar de descanso y de reposo para todos los montañeros. No ocupes todos
los bancos o las mesas con tu mochila, piolet, provisiones, mapas o piernas.
Deja en paz los gramófonos, y no toques ningún instrumento si no es que
realmente sabes. No embadurnes las libretas-registro con dichos obtusos,
observaciones tontas o versos malos: escribe allí con claridad tu nombre, de
dónde vienes y adónde vas, y antes de efectuar ascensiones de envergadura, deja
datos con el fin de que, en caso de accidente, se te pueda llevar socorro, o
que, en otros casos, nadie pase inquietud alguna por tu suerte. Las rocas y
muros de los edificios no son material de escritorio. Puedes exigir un lugar
para dormir, e incluso puedes escoger el mejor, si acabas de hacer o piensas
emprender una ascensión, pero, en caso necesario, lo tienes que ceder con buena
cara a las personas que lo necesiten (agotados, enfermos, personas de edad). No
te introduzcas en las literas con los zapatos puestos y no te deslices como un
loco con las suelas herradas escaleras abajo, especialmente por la noche y a
primera hora del día. Si eres una persona que ronca, no elijas la habitación
colectiva para efectuar tus dormidas y roncadas. Ten en cuenta la luz y el
fuego en la cabaña. No te hagas ilusiones de ser el amo y señor del refugio, y
piensa que el arrendador o guarda es el administrador de una institución para
el bien del colectivo: tienes que seguir sus instrucciones, dado que es el
responsable. Cada lugar y cada cosa que uses, déjalas tal y como te gustaría
encontrarlas. Especialmente en refugios libres, tienes que extremar la
consideración hacia tus semejantes, compañeros de refugio presentes y futuros,
y no olvidar que el refugio y sus enseres son unos bienes que te han sido
confiados. Economiza la leña, que a veces ha de ser transportada con grandes
fatigas. Deja la cabaña limpia y ordenada al irte. Has de cerrarla
cuidadosamente, sin olvidarte de pagar la cuota por la cabaña y por la leña.
”VII. No robes. Tampoco has de robarle a los demás la paz y la tranquilitad
montañera, la soledad o la vista de las cumbres. Ni tampoco la hierba
para el lecho, recogida por otros con dificultad, ni la leña cuidadosamente
traída. Además, procura siempre tratar con cuidado las flores y los campos, los
árboles y la hierba de los prados, y no inquietes al ganado. No arranques
ningún árbol para procurarte leña o por el gusto de desfogarte. No destruyas
los hormigueros por curiosidad. Trata con respeto a la flora y fauna. Considera
la montaña como un paraíso en el que Dios te ha puesto, y coopera para
conservar su fisonomía y pureza.
”VIII. No mientas. No eses ningún mal tono, no seas fanfarrón. Hasta la más
difícil ascensión montañosa, es cosa fácil comparada con otros hechos humanos.
No seas pretencioso y deja que todo el mundo sea feliz a su manera, aunque sean
personas de otra entidad. Tampoco tienes que renegar, ni maldecir del tiempo,
ni del hospedaje. No traigas a la montaña ni la política ni las polémicas. No
te mofes ni critiques las creencias, costumbres y usos de la gente de montaña.
No olvides nunca que eres un huésped entre la gente de montaña, en la montaña,
e incluso en este mundo.
”IX. Guarda el honor de tu club, no solamente el de dicha entidad, de ese
escudo tras el cual marchas, sino el honor de toda la comunidad que te encaminó
hacia las montañas, que sirve a los grandes ideales y no a tu comodidad
personal, la que trabaja por el colectivo. El mero hecho de pertenecer a ella,
constituye ya un honor. Has de estar orgulloso de ser un miembro de esa
asociación, y de poder conservar semejante posesión. Cuida para no deshonrarla,
ni tampoco a quienes la crearon, a esos precursores, los maestros de otros
tiempos, que abrieron el primer camino hacia las cumbres, donde pusieron hitos,
así como las últimas piedras en el edificio de la conquista de las montañas.
”X. No profanes las montañas con el afán de batir récords. Busca su
alma. Respetarás la naturaleza,no dejando basuras ni enterrándolas,
respetar las fuentes y no hacer fuego ni en los lugares preparados para ello,
no cortar flores ni plantas, cerrar las puertas para evitar que el ganado se
escape. Siempre dejar un lugar mejor que cuando lo encontramos y así
disfrutaremos más del entorno.”.

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